Pocas cosas me atraian mas a mis 15, 16-17 años que poder manejar un carro.  Ya con el tiempo pienso que forma parte de la entrada a la pubertad.  Entre los sintomas que se describen en los libros junto a que a los varones se le agrava la voz, y aparecen barba y bigotes deberia aparecer: Les entra un desespero por manejar un carro.   Eso me paso a mi… No importaba si iba de mi casa en Guacara a recoger a mi papa a su trabajo en San Diego, o mover el carro 11 cm mas cerca de la acera.  Para mi pasar la llave y sentir que el motor encendido dependia de mi era una de las experiencias de mayor adrenalina que pudiera experimentar antes de mis 18 años.

Junto con el tiempo y la confianza de quienes me dejaban manejar sus carros fue madurando mi manera de sentarme frente a un volante.  Empezando la lista por mi papa quien corrio el riesgo (y pago varias veces las consecuencias, aunque nunca graves, gracias a Dios) de dejarme “aprender” a manejar, fue llegando la conciencia de la responsabilidad propia, la que debes tener por los que confian en ti al sentarse a tu lado en un carro y la de los que van en la via junto contigo. Lamentablemente no son pocas las historias tristes en el que la adrenalina fue mas rapida que un pedal de freno, o el volante viro mas lento que una mirada descuidada en el momento equivocado.  Tengo recuerdos tristes de gente que se ha ido asi y eso acrecienta mas la conciencia y en general a todos nos hace mas responsables.

Pero la velocidad… ahhhhhh, como me tienta la velocidad.  No me refiero al conducir temerariamente haciendo zig-zag’s y adelantando vehiculos en medio del trafico.  Me refiero a la sensacion de ver pasar los postes de luz tan rapido que se te hace imposible contarlos o al rayado discontinuo de una via que por momentos parece continuo de lo rapido que vas.  Lo confieso, la velocidad me seduce.  HASTA QUE ME MUDE PARA ACA.  Poco me ha faltado para bajarme del carro y pintarle unos bigotes de burla a los letreros de 40 mph, asi de feo se siente cada vez que los veo.  Como igual de inexplicable se me hace, cuando uno de estos vehiculos “DE CARRERAS” pasan a mi lado en la via.  Aqui hay muchisimos de esos FERRARI, PORSCHE (por ejemplo, el Porsche 911 GT2 RS se conoce como el carro “street-legal” mas rapido de USA, este juguetico va de 0 a 124 millas por hora en 9.8 segundos), no hay camino en los Estados Unidos de America para sacar lo mejor de esas maquinas sin que te metas en problemas con la ley, asi que no entiendo porque la gente sigue pasando noches enteras sin dormir, soñando despiertos en ser el dueño de un juguete como ese.  Con todo y todo, he aprendido a vivir conduciendo a 40 mph o menos.  La vida se disfruta mas.  El ir de un lado a otro es mas placentero, menos estresante.  Bendigo a Dios porque al dia de hoy jamas he tenido ningun problema con la ley con mi forma de conducir aqui en Estados Unidos ni siquiera un ticket de estacionamiento (y los angeles de Dios me ayuden a mantenerme asi).  Hay, sin embargo, una opcion de velocidad responsable.  Por ejemplo, dentro del estacionamiento del parque “Magic Kingdom” de Disney hay una pista “Richard Petty Driving Experience”.  Alli puedes sacar el piloto de carreras que vive en ti, asistido por expertos y vehiculos con todas las normas de seguridad necesarias para sacarle a los vehiculos mucho mas de 150 mph (solo te costara entre $59 y $3,200.00).

El pecado hace al hombre lo que la velocidad “irresponsable” me produciria a mi.  Lo medite mientras comenzaba la misa del fin de semana pasado.  Pecar sin miramientos es el equivalente en el mundo espiritual a manejar haciendo zig-zag’s en una via con trafico.  Puede que aparentemente salgas ileso… pero tarde o temprano te va a pesar haberlo hecho.  Esa fue mi experiencia el sabado, llegamos temprano a la iglesia y tuve la oportunidad de confesar mis pecados sacramentalmente.  ESO SI ES VELOCIDAD.  La mas deliciosa y la mas segura.  La experiencia sobre un carro de NASCAR es despreciable al compararla con una vida en paz y amistad con Dios.  Me senti un PORSCHE 911 GT2 RS conduciendo con todos los sistemas de seguridad activados y la via mas segura jamas imaginada.  Habia tenido un tiempo si poder ir al confesionario (no por deseo personal, solo que a veces es dificil tener acceso al sacramento -los sacerdotes siguen siendo pocos y tienen mas responsabilidades de las que humanamente alcanzan a atender.  Oramos por mas obreros a la mies del Señor-).  Ahi estaba yo revisando mentalmente mi confesion antes de entrar, indagando si mi examen de conciencia habia sido bien cuidado y entre…

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5 minutos con 35 segundos despues escuche el comienzo de la cancion mas dulce que puede un sacerdote cantar al oido de un pecador arrepentido “…y Dios padre de misericordia que reconcilio consigo al mundo por la muerte y resurreccion de Su hijo…”   Iba a 100 mph y me sentia SEGURO, renove mi llamado a predicar.  Predicar con un motivo, no el evangelio de moda… el que promete sanidad, y nada mas sanidad; prosperidad, y nada mas que prosperidad; felicidad, y nada mas que felicidad.  Sino el evangelio que increpa, el evangelio que interpela.  El que insta a poner GRASA sobre el altar, porque el fuego no desciende sobre altares vacios. El que me obliga a ver en los demas lo que los otros no ven, la bondad y la eleccion que Dios ha puesto sobre hermanos que estamos seguros jamas se convertirian a la causa del evangelio.  Un poco lo que le paso a Ananias en Hechos 9:10.  Dejame Señor conservar este estado de Gracia.  Que no desvie mi mirada de Ti.  Que me mantenga sano, porque el pecado que vuelvo a cometer es como el tumor del que fui sanado y por no cuidarme me vuelve a crecer.

Pablo, cuando se llamaba Saulo fue el mayor enemigo de los cristianos.  Nadie en su sano juicio hubiera pensado que el se convertiria en uno de los baluartes de Tu causa Jesus.  Proclama sobre mi tambien esa profecia que pronunciaste sobre el “ese hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi Nombre…” (Hch 9:15)

Amen…

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