Mi abuelo Ramón fue el hombre más trabajador que yo conocí… Trabajo como obrero en Colgate-Palmolive en mi Valencia natal murio cuando yo tenía, como 12 años. Estaba en 8vo. Grado… El cancer le metió una zancadilla traicionera.

Mi abuelo nunca se quejaba del trabajo… Al menos nunca lo escuche hacerlo. Nunca sentí que se llevara el “trabajo a la casa” fuese tal vez un disgusto con algún jefe o alguna contrariedad con un compañero. Si me preguntaran diría sin dudar que fue un trabajador feliz. Se jubiló cuando le llego el tiempo, le dieron una placa de reconocimiento y su indemnización de retiro y se dispuso a vivir para su familia lo que Dios le diera de vida. Yo era aún muy jóven para entender las aristas de una situación tan complicada como la muerte de alguien tan influyente en el seno de la familia. No recuerdo haber llorado durante su funeral hasta que vi a mi papá llorar por él. Fue en ese momento que comprendí… Este vacío no lo podrá llenar nadie. Dejó algo de dinero, la casa y una camioneta Grand Wagoneer azul.

Pero su verdadera herencia fue que lo reconocieran por su bondad. Ramón Hurtado fue un hombre bueno. Punto. Si se encuestara la pregunta, el “De acuerdo” ganaría con el 100% de las respuestas. Del poco dinero que dejó no queda nada; la casa fue vendida cuando la zona se torno más peligrosa de lo tolerable y la camioneta dió todo lo que un carro puede dar… Supongo que mi tio la habrá vendido… Pero esas cosas tenían que pasar. El legado verdadero de mi abuelo fue “ser bueno”.

Hoy, Jesús recita a sus discipulos su testamento.

“Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.” (Juan 13:14, 15)

Que en palabras sencillas sería algo así como: “Ámense, no a veces, o cuando convenga sino siempre y especialmente cuando más les cueste”.

Los ciegos que recuperaron la vista tal vez despues de haber conocido al Mesías pudieron volver a ser paganos… Los leprosos sanados pudieron haber optado por no vivir en acción de gracias por su sanidad. Las prostitutas y pecadores públicos cautivados por el irresistible mensaje de Jesús de repente volvieron a sus torcidos caminos luego de un tiempo. Todo esto era mortal… Pasajero… Efímero… El legado de Jesús no son estas cosas. En entradas anteriores decia “los milagros afianzan la fe, pero no salvan a nadie”.

Mi abuelo dejó como legado su bondad. Respetando las distancias de la comparación (que peca tal vez de “simplista”), Jesús dejó una herencia imposible de igualar por un mortal. Se dejó Él mismo… “Coman de esto que es MI cuerpo, beban de esto que es MI sangre”.

Esta noche no hago conjeturas sobre lo que pudo haber pensado Jesús… Esta noche lo dijo fuerte y claro:

“¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”. (Juan 13: 17)

Jamás se ha registrado en el curso de la historia una clase magistral de “humildad” semejante… Y siendo tan simple, no deja de ser triste que 2000 años después, sigamos sin entenderlo.

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