Recetas de alta complejidad

Hace tres meses no escribo nada… Pero no por falta de material.

Cuantas cosas en tres meses. Muchas de ellas han sido tan personales que aunque siempre he tratado de no tener reparos en guardarme “vivencias” en el blog, me las voy a tener que reservar.  Muchas de ellas están aun en proceso otras habiendo terminado me han regalado grandes enseñanzas espirituales.  Por primera vez quiero compartir el bien que ha hecho a mi alma hacerle violencia a mis costumbres.

Aprendemos a lo largo de la vida infinidad de cosas.  Lo que forja el carácter de un ser humano es el poder de la costumbre.  Por ejemplo, la primera vez que llene hice una transferencia electrónica desde mi cuenta de bancos fue una maravillosa experiencia cargada de NUEVOS PROCEDIMIENTOS… Años después realizar una transferencia bancaria es para mi tan sencillo como que Stevie Wonder marque un SOL MAYOR en el piano.  Vamos llenando nuestro cerebro con nuevas experiencias. Las vivencias se van acumulando y van dándole a nuestra personalidad un perfil.  Hay gente que piensa que soy como dicen en Venezuela un “Todero” porque conozco mucho de muchas cosas.  No deseo ser engreído y refuto mucho cuando la gente me agradece por algo en lo que la ayude pero la verdad, una de las cosas que mas me gusta hacer es “ayudar a la gente”.  Soy un “hacedor de favores”.  Si esa profesión existe yo creo que tengo buen curriculum para ocupar un puesto.  No tengo verdadera conciencia de algo o alguien (amigo o extraño) que me haya pedido ayuda sin que yo al menos, haya procurado hacer algo.  Buena parte de las veces me frustro por no poder hacer mas; otras, me voy a la cama con la gran satisfacción de haber resuelto -o ayudado a resolver- algo para alguien.  Nuestro cerebro es como un gran disco duro a donde acudimos cuando necesitamos referencia de una solución o herramientas para intentar solucionar situaciones y vivencias.  Hoy, siendo consciente del tiempo que había pasado sin que yo escribiera en el blog me preguntaba si al cerebro humano le pasa como a los discos duros.  Son finitos… tienen una capacidad y cuando se llenan, solamente podemos usarlos para referencia o para sacarle cosas pero nada mas puede entrar.

Me sucedió con mi disco externo SEAGATE… cuando lo compre me sentí el rey del vecindario pues tenia 3 TeraBites.  Esta unidad es capaz de almacenar 6 veces mas que la capacidad del disco duro interno de mi laptop.  Cuando compré mi laptop ese disco duro fue 20 veces mas grande que el que tuvo mi anterior computador y ese tenia la capacidad de almacenar 500 veces la cantidad de disquetes de 1.44 MB que fueron mi primera experiencia con dispositivos de almacenaje informático.  Comprar una caja de esos disquetes era para mi como servir una copa de vino en una piscina olímpica y hoy día una fotografía de mi cámara DSLR necesitaría 5 disquetes para poderla guardar.  Estaba convencido que mis 3 TeraBites me alcanzarían para mostrarle las futuras generaciones (dentro de 15 años) cuantas cosas almacene allí.  3 TB son 24 Trillones de bits lo cual es bastante pero año y medio después de haberlo comprado, hoy me toco comprar otro de 5 TB porque se me prendió la luz roja que dice EL DISCO ESTA CASI LLENO.

La vida funciona de maneras muy interesantes, similares a los TeraBites y los bits estamos seguros que el logro de hoy va a ser mas que suficiente para alcanzarnos la felicidad eterna.  Yo estaba convencido de que la materialización de mi felicidad seria cuando tuviera mi primera novia y cuando sucedió estando en 8vo. grado sentí que necesitaba mas… Decidido a experimentar nuevas cosas quise estar en el cuadro de honor de mi colegio (porque allí solo llegaba la élite de los mejores promedios de notas), cuando lo conseguí me pregunte si al graduarme de bachiller entonces si tendría tiempo para sentarme a disfrutar mis logros pero al recibir el titulo de bachiller de manos del Prof. Gerardo Jantzen sabía que algo mas tendría que procurar porque yo quería mas… así fue como de la secundaria conseguí la carrera superior; y de la carrera superior, el matrimonio; y del matrimonio, la independencia de la familia; y de la independencia de las familia, las nuevas fronteras y de las nuevas fronteras los planes de establecerme en otro país… Cuando Dios nos respalde en eso.  Estoy seguro que otra meta vendrá porque nuestro ADN nos insta a estar en constante evolución.  Cuando dejamos de evolucionar comenzamos a morir, leí alguna vez por ahí.

Pero, que pasa cuando el poder de nuestras costumbres se interponen en el camino de nuestra propia evolución.  Cuando nuestra mente se convence en base a experiencias pasadas que lo que intentamos hacer mas de una vez no salio pues porque sencillamente no es para nosotros.   Comenzamos a morir lentamente.  Y yo no quiero eso.  Creo que no se han acabado los planes que Dios tiene para mi (y para ti, si estas leyendo mi diario).  Si pelear con un vicio se hace complicado porque lo intentamos una y otra vez.  Cambia el método y vuelve a intentarlo.  Si te dijeron que algo se hacia de una forma y no te resulto, ve a la fuente y contrasta los resultados contra los métodos.  Seria imposible no recordar en este punto el cuento viejo que leí hace muchos años sobre “la punta del jamón”.

“Una pareja joven contrajo matrimonio y comenzaron una hermosa vida juntos.  Tenían una casa muy chiquitita pero eran inmensamente felices.  Al poco tiempo de casados ella le pregunto a su marido cual era su comida preferida y el sin dudarlo le dijo: el jamón horneado.  Ella, no conociendo como prepararlo fue donde su hermana que era muy buena cocinera y le pidió la receta.  Lo hizo al pie de la letra incluido el paso que le dijo su hermana: “es muy importante que cortes la punta del jamón porque sino no te va a quedar igual”.  En la noche, ambiento todo muy románticamente y sirvió para el marido su platillo preferido.  El la felicito y elogio su esfuerzo aunque le comento que su parte preferida del jamón era la punta.  – Es una lastima que no lo hayas horneado porque es la parte que más me encanta.  La esposa, deseosa de complacer en todo al marido.  Llamó a su hermana y le contó lo sucedido.  La hermana le dijo – Es la receta que me dio mamá.  La verdad tendremos que preguntarle a ella.  Al día siguiente fueron a casa de la madre y ella le contesto: -La abuela de ustedes en Italia fue quien me enseño a hacerlo.  Habrá que viajar a preguntarle el secreto.  Fueron pues a Italia y consiguieron a la abuela en el pueblo.  Abuela necesitamos que nos diga algo muy importante – Le dijeron a coro las hermanas.  Nosotras hemos guardado fielmente su receta de como preparar el jamón horneado pero tenemos una pregunta que hacerle:  Por que tenemos que cortarle la punta al jamón?.  La abuela con irreverencia les dijo: “Ustedes, no se… pero cada vez que yo lo preparaba se la tenia que cortar porque mi horno era muy pequeño y no me cabía el jamón completo”.

Hemos heredado formulas de fracaso.  No necesariamente de nuestros familiares, sino de toda la gente que nos rodea.  Andamos por la vida desesperadamente buscando recetas para el éxito.  Por eso leemos libros, vamos a conferencias, pedimos que nos oren otros lideres y tratamos de “copiar” experiencias que en otros hemos visto que funcionan.

Dios tiene un plan ÚNICO e IRREPETIBLE con cada uno de nosotros.  Puede que los ingredientes de la receta sean los mismos pero la combinación y el punto de sal, pimienta y especies jamas sera el mismo… queremos ser como Santo Tomas Moro, pero solo hubo uno y él se preocupó por ser el único Tomas Moro que la humanidad vería.  Nos gustaría ser como el Papa Francisco pero en el plan de Dios solo habría de existir un Jorge Mario Bergoglio… El esta haciendo lo que Dios le pidió hacer, puede que tengamos en el corazón emular lo que el hace y que nos sirva de inspiración pero nadie entrara al cielo siendo la continuación de la vida de la persona que mas admire mientras vivía.

No existirá otro Juan Carlos Rodriguez (y mucha gente pensara: DEMOS GRACIAS A DIOS, con uno basta y sobra. jajaja) y cada vez quiera vivir otros llamados, otras vivencias, otras entregas, otras renuncias y otros desafíos que no sean aquellos a los que Dios me llamo, estaré cortando la punta del jamón solo porque otros dijeron que era lo que había que hacer.

Los grandes chefs no siguen el libro de recetas… lo leen, claro que si.  Pero los grandes chef crean sus propias recetas y abren restaurantes donde la gente se pelea por comer. Queremos ser chefs… o nos conformamos con ser solo unos “lee-recetas”

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